Hace unos días tuve un episodio en el cine.
A mi favor puedo decir que estaba alterada porque horas antes mi amiga Rosy, mejor conocida por tener triates, fue a visitarme a la casa. Paco y yo no estábamos y Rosy tuvo la mala suerte de resbalar por la escalera y caer y caer y caer hasta aterrizar finalmente con la espalda baja (justo encima de donde la cosa se bifurca). El resultado fue ambulancia, hospital, 15 días de reposo absoluto y collarín.
Ya estando yo en el cine tuve a bien tropezar con una banca (que debo agregar es plateada y cuasinvisible debido al brillo del piso) me di primero con la rodilla derecha en la banca y luego procedí a caer cual asterisco con la rodilla izquierda (ouch). Confieso que me dolió el madrazo. Mi orgullo por otro lado, casi no la cuenta.
Después del azote me entró el sentimentalismo y me puse a llorar. A LLORAR. La verdad tuve que hacer un esfuerzo supremo para no ponerme a berrear y tirarme en el piso, más o menos logré controlarme.
Debo decir que un par de tragos de Cosmopolitan ayudan a mantener ( o recuperar) la compostura. Se los recomiendo.
Odio a mi estúpido inconsciente cuando se pone "creativo".
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